23/7/07

Historia de amor #2



Aún estando muerta jamás me olvidaría. Una sola luz alumbra el camino y esta luz es una más… un solitario camina entre las sombras alargadas, pensando… pensando en ti… y esa luz es un desprecio, lo hace olvidar… yo nunca lo haría, ¡ni muerta!
El rostro se ha vuelto cada vez más inexpresivo con el olvido… con la luz que borra, que remeda su gesto, anulándolo… falsificando la intención y los recuerdos…
Parpadea una luz de cerca… eso es un recuerdo… él la veía fijamente, ella estaba en una de las esquinas, una especie de escondite suicida, un lugar desagradable para el sexo; de todos modos tal vez la luz lo había llevado a olvidar, ¿cómo pudo olvidar? Y por ende a no darle importancia a lo repulsivo del lugar, al hedor, o hedores provenientes de distintas fuentes de repugnancia; no hubo necesidad de contenerse, de aguantar el aire; con la misma pasión con la que absorbía su aliento olvidaba el simultáneo envenenamiento del cuerpo, acicalaba su mente y corazón con caricias y orgasmos mientras intoxicaba su cuerpo entre la podredumbre menos imaginable; olvidaban; ahora él camina entre largas sombras y largos destellos ahuyentando el rostro de su mente, pensando… pensando en ella, en la pesadez de sus brazos, en la rigidez de sus senos, en la inexplicable permanencia de la calidez en su vagina, en su historia… ¡ella no olvidaría! Él va olvidando conforme la luz le borra el rostro… ¡ni muerta olvidaría!
El volverá al día siguiente y seguramente nadie habría encontrado todavía el cuerpo… y el volvería a tomarla entre sus brazos cada noche hasta que la podredumbre lógica hubiera hecho demasiado fétido el romance y entonces la olvidaría, entonces me olvidará… yo nunca…

P.D. la muertas nunca olvidan, nosotros recordamos por ellas ¡NI UNA MÁS!
imagen: 'Woman once a bird' de Joel Peter Witkin

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