18/8/07

o r q u i d e a

A veces puedo llorar por muchas cosas a la vez, balanceo en perfecta acrobacia tres rupturas injustas, una muerte temprana, varios viajes (lejos), un pasado confuso y señalado, 113 fracasos, un suicidio y un asesinato, un tecolote de guadañá, mariposas muertas dentro de mi estómago, duraznos podridos sobre mi cama, un ídolo incomprensible, un idólatra incomprendido, catástrofes futuras que tal vez (con suerte) nunca reciba como tinta en un dedo pulgar, tantas espaldas, tan poca humanidad, historias rechazadas, pesadillas freudianas, silencios durante el sexo, recuerdos de pertenencia, palabras sabias, letras perfectas en frases perfectas en historias imperfectas... las equilibro todas juntitas, a veces en un sólo ojo, a veces uno y uno o ambos; en momentos malabareo con los ojos cerrados y dejo que se escapen entre mis pestañas, otras veces con los ojos bien abiertos y completamente empañados, y ¿para qué? ¿A quién podrían servirle de alimento estas lágrimas equilibristas que danzan por mi cara tan regularmente?, ¿a quién alimentan mis no-tan-dulces-más-bien-saladas lagrimitas? Me alimentan a mi y a mi pequeña orquídea que tan bien me representa; nos hidratan de tristeza para que crezcamos, para lucir normales ante este mundo normal lleno de gente medio rota que prefiere no llorar en público, así no dejamos que el mundo sepa que no sólo somos un humano y una planta, sino magníficas acróbatas de las tristezas.

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