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Tristán y el fuego

Tristán existe, hay evidencias. El fuego, sin remedio, se extenderá sobre su cama Tristán, sin dudarlo, querrá abrazarlo (quizá planea abrazar su propia muerte, antes que el destino se lo impida) ¿Quién va a detener a esos dos miserables? tan inminentemente acelerando hacia la implosión que les espera en el contacto con el otro

Extraviados

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Danzan los extraviados, avanzan con los hombros extendidos, con la frente casi al ras el piso, con lágrimas mojando sus cabellos que se pegan a las mejillas en el afán de sostenerse entre la humedad y los poros... Danzan los dolidos, los desahuciados, los tristes, los abandonados, danzan en círculos caóticos, en pares y en tríos. Se alejan por las calles mal iluminadas, atan sus dedos entre sus cabellos, miran al cielo y lo ven hueco. Gimen los extraviados en su danza tétrica, se miran entre sí, se sienten solos. Se levantan por las mañanas con su danza, hablan con ella en voz alta, la gritan a los cuatro vientos, la murmuran como un rezo, la repiten como un mantra, la olvidan. Danzan en la desesperación por recordarla, y en su imposibilidad la inventan. Ríen dulces creadores, y vuelven a humedecerse, se remojan en tristeza y reaparecen. Danzan los extraviados, esperan así encontrar su camino, y esperan nunca encontrarlo.

No te salves

No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo. (Mario Benedetti)

nueve

uno encendí una vela en tu nombre esta noche, el fuego alcanza mis pestañas y las lame con suavidad, con su única lengua parpadeante dos esas manos que te cubren el rostro no son las mías, y sin embargo (en mi cuento) un par de risitas se nos escapan tres cada vez que ves que respiro cada vez que respiro cada vez reapareces cuatro se quedó ahí tirada con los huesos rotos frustrada de movimiento y de lejanía cinco decidí mirarte fijamente decidí pronunciar, para ti, mi nombre decidí conocer tus labios, tu cuerpo, tu alma decidí tomar el corazón que me ofreciste decidí dejarte al día siguiente seis - ¿en dónde estoy? - ¿pues en dónde vas a estar? ¡en tu cama! - ¿es esta mi cama? - sí, ¿qué no la reconoces? - no, nunca la había visto antes (¿crees en el destino y en los maleficios?) siete Al principio creaste mi vientre y mi pecho Dijiste "hágase tu corazón" "háganse tus manos" "hágase tu rostro" "hágase tu voz" hágase tu perdición... ocho una gota ...

Lejanía

Mi alma se quedó agarrada de sus huesos se estira entre ellos y yo por miles de kilómetros se hace delgada como una hoja y amenaza con romperse Estoy siendo tortutada en un potro trasoceánico.