Imagina que te sale una cana
Está muy mal visto tener canas, muchos estudios han indicado que las personas con más canas presentan más problemas de salud.
Buscas un doctor y te dice que hay una pastilla que te va a quitar la cana. Te tomas la pastilla y la cana desaparece, aunque notas que la pastillita te causa algunas molestias (una rara comezón en la nariz, no es grave pero no la tenías antes).
Dices -bueno ya no tengo ninguna cana y me pica la nariz- así que dejas de tomar la pastilla, pero al al poco tiempo aparecen dos canas. Entonces vuelves con el doctor y te dice -ah sí, es que no puedes dejar de tomar la pastilla, tienes que hacerla tu estilo de vida de ahora en adelante para que ya nunca vuelvan a salir las canas-.
Piensas -bueno, la pastilla no es tan cara y la comezón en la nariz no es grave y todo mundo me dijo que me veía muy bien sin canas- y además leíste un artículo sobre que tener canas está directamente relacionado con muchos problemas de salud (artritis, demencia senil, incontinencia) y lo peor… ¡con tener arrugas!. Lo mejor es seguir tomando la pastilla.
Entonces la tomas de nuevo y las dos canas desaparecen, y todo está muy bien pero un par de meses después notas que la comezón en la nariz ha ido en aumento, y hay noches que no te deja dormir.
Inevitablemente dejas de tomarla. Unos días después te miras en el espejo y te das cuenta que ya te salieron 10 canas. Un par de personas comentan que les preocupa tu salud, que te ven con más canas y hay muchos estudios que dicen que la gente con más canas suele tener artritis y después desarrolla demencia senil e incontinencia…
Miras tus 10 canas con preocupación y desagrado en el espejo. Piensas en taparlas con un gorrito de lana, incluso cuando hace mucho calor.
Sientes el calor en la cabeza mientras caminas junto al malecón. Miras con recelo a otras personas sin gorrito que van por la calle sintiendo la brisa pasar por su cabello.
-Ay, si solo no tuviera esas horribles canas, podría sentir el aire en mi cabeza-, pero sabes que las canas son horribles y que todos te van a juzgar cuando las vean y nadie quiere enamorarse de alguien con canas… aunque de cualquier forma te están viendo con un gorro de lana en este clima de 35 grados centígrados… seguramente todos saben que estás ocultando unas canas debajo del gorro.
Entonces tu amiga se compadece de ti y te dice que ella fue con otro doctor muy bueno que tiene otra pastilla que es mejor que la que te dieron y que además te da otros remedios para evitar la comezón en la nariz, solo pagarías un poco más, eso es todo. -¡No hay problema! Todo sea por mi salud-.
Llegas a consulta y el doctor cuenta tus canas y te dice -no son tantas, pero sí es preocupante porque a la larga se van a hacer más y vas a tener muchos problemas de salud, ¡solo mira los artículos científicos que se han publicado!-.
Compras la pastilla, te la tomas y enseguida desaparecen las 10 canas, todo mundo te felicita porque te ves muy bien y porque estás trabajando en tu salud ¡y se nota! ¡Qué bien se siente el aire pasando por tu cabello!
Unos días después empieza la comezón en la nariz. Es una comezón chiquita pero bien adentro de las fosas nasales. Te aplicas unas cremas y unas gotas que te vendió el doctor que que quitan la comezón, ¡y funcionan muy bien! Al menos un tiempo, porque huelen muy raro y ahora te molesta ese olor todo el tiempo, pero bueno, debes aguantar, por salud.
Pero después de unos meses ya no aguantas, estás de mal humor todo el tiempo, el olor ya te parece nauseabundo. A veces dejas de ponerte las gotas y las cremas solo para poder sentirte en paz, pero incrementa la comezón, entonces piensas que tal vez es mejor que tomes las pastillas un día sí y un día no, pero eso ocasiona que una o dos canas vuelvan a aparecer. La gente te mira decepcionada, tan bien que te veías sin canas -han de pensar que no me tomo las pastillas, que no cuido mi salud- piensas -eso afecta mi imagen, y en consecuencia, mi trabajo- Así que usas el gorro de nuevo.
Eventualmente no puedes más, entre las cremas, las gotas y las pastillas has estado gastando mucho dinero, el olor de las cremas y las gotas es insoportable, y lo peor de todo es que de todas formas tienes que usar ese gorro de lana porque te salieron esas dos canas, y ni siquiera puedes disfrutar el aire en tu cabello.
Así que las dejas de tomar de nuevo, y como era de esperarse, un par de días después te miras en el espejo y ves un GRAN mechón de canas. ¡Ay no!
Sales a comprarte otros gorros. Saliendo de la tienda de gorros ves pasar por la calle a una persona con el cabello repleto de canas, sintiendo el aire en su cabeza. - Qué asco me da esa gente- oyes que dicen las personas al pasar -Cómo no le da pena salir así, vergüenza le debería dar- o los más compasivos -Pobrecita persona, me da mucha lástima, mírala, paseando por ahí con sus problemas de salud causados por todas esas canas-.
No queda más remedio que volver a esas pastillas. Pruebas con todas las marcas del mercado. Unas solo disminuyen las canas, no las quitan del todo, otras causan más comezón, otras tienen otros efectos más terribles, causan mareos, desmayos incluso, pero todo sea por salud. Sigues probando pastillas y dejándolas cuando se vuelve insoportable o insostenible comprarlas. Cada vez que las dejas te salen más y más canas.
Pronto ya ninguna pastilla te logra quitar las canas por completo. Algunas ni siquiera las disminuyen. Sabes que este fracaso es tuyo. Debiste aguantar más. Sabes que hay quienes sí aguantan porque hay mucha gente (incluyendo casi toda la gente famosa) sin una sola cana.
Un día lees en una revista que una actriz famosa está en el hospital con la nariz complemente gangrenada. Al parecer se metía un fierro caliente a la nariz para evitar la comezón que le causaban las pastillas y terminó haciéndose mucho daño. Te pones a investigar y al parecer hay muchos casos como el de ella. Incluso hay libros, estudios y películas al respecto. Terrible.
Tú sigues saliendo a la calle con tu gorro. No quieres que eso te pase a ti, jamás llegarías a ese extremo. Pero tampoco puedes salir así con las canas. Tal vez algún día encuentres las pastillas correctas. Sigues intentado con todas las que puedes. Hay unas terriblemente caras. Imposibles de pagar. Seguramente esas son las buenas. O tal vez deberías hacer como tu vecina del 209, ella se hizo un transplante total de cabello, salió carísimo pero sólo fue una vez… aunque dicen por ahí que ya le salieron un par de canas y que ahora sufre de pequeñas calvicies que debe ocultar de todos modos con un gorro.
Y no importa que haya gente sin una sola cana (malditos suertudos, los he visto, muchos que por su genética nunca tienen que tomar una sola pastilla y jamás les sale una sola cana) que aun así padecen demencia senil y artritis. Ni gente con la cabeza llena de canas (un asco, van así por la vida sin tomarse nunca las pastillas, hasta lo dicen orgullosas) que jamás han tenido demencia ni artritis ni incontinencia.
Los estudios dicen que es directamente proporcional. Y no puedes mostrar tus canas porque son horribles y hablan muy mal de tu salud. Incluso la OMS ya declaró las canas como una epidemia mundial.
Unos años después vas al médico porque tienes dolores y arrugas y te dice que probablemente es tu culpa por tener tantas canas, y luego procede a contar una a una tus canas mientras desaprueba con su mirada cada una de ellas. Sientes humillación. El diagnóstico es fatídico. La demencia senil es inminente. Te vas llorando a casa. Nada qué hacer, fracasaste, ahora vas a padecer todo lo que intentaste evitar.
No sabes que muchos años después la OMS va a sacar un comunicado: Las pastillas para quitar las canas, al usarlas a la larga, causan artritis, demencia senil, incontinencia. Tomarla de manera inconsistente aumenta aún más los problemas de salud a largo plazo, agravándolos terriblemente. También está comprobado que cada vez que se toman y se dejan, aumenta considerablemente la cantidad de canas, pero que las canas en realidad eran normales, y solo las veíamos horribles porque las relacionábamos con problemas de salud con las que en realidad no estaban directamente relacionadas (el problema eran las pastillas, no las canas). Lo que pasaba es que los doctores ganaban mucho dinero cada vez que recetaban las pastillas.
Y tú… nunca disfrutaste libremente el aire pasar por tu cabello.
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