17/8/16

Guitarra negra

Poemas de Alfredo Zitarrosa (1972-1977)



Allanamiento
Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa.
Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco.
Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma.
Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvía, mis amigos, sus nombres, las noches del Café Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplejia, al Uruguay batllista, a Arístides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables.
Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono, distintos bajo los dedos índices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión...
Y no halló nada.
No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre, ni a mi madre, ni a Marx, ni a Arístides, ni a Lenin, ni al Príncipe Kropotkin, ni al Uruguay ni a nadie... ni a los muertos Fernández más recientes...
A mí tampoco me encontró
Yo había tomado un ómnibus al Cerro
e iba sentado
al lado de la vida.
Pasé frente al Nocturno y la vida había pintado unos carteles. Pregunté en una esquina por la hora, y en la bolsa del hombre que me dijo la hora iba la vida, junto con su almuerzo.
Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa abiertas
y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles, por todas las ventanas de los hospitales
la noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol
y se echará en el piso como un perro
y aguardará hasta la madrugada.

Hoy
dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas,
para siempre.




Uruguay for export
Temblando, con el frontal partido por el marrón, por el marronero, cae sobre sus costillas, pesada como un mundo, la res
Cae con estrépito, de bruces sobre el cemento

balando al descuajarse su osamenta, ya sólo un pobre costillar enorme, ya sólo un pobre cuero y sangre, media tonelada de huesos astillados, hincados en toda esa vida temblorosa y atónita.
Ahí se va alzando, como un pesado pingajo, atrapada por la pata por un gancho que le salta arriba, que la alza por un ojal abierto en el garrón de un cuchillazo en plena estupidez sentimental, en plena media tonelada de monstruoso dolor, incomprensible, absurdo, balando, plañidera y tonta, como un escarabajo que no piensa, mientras medita lentamente por qué duele tanto y por qué duele qué parte de quién que es ella misma, la res, abierta al descuartizamiento atroz por todas partes, que nunca habían dolido y que eran tantas partes, tan extensas

y que pastando nunca habían dolido
haciendo leche, esperma, músculos, crin y cuero y cornamenta viva, que eran la vida misma manando hacia sus adentros, vibrando tiernamente como un sol cálido hacia sus adentros
y nunca habían dolido.

Ya está colgada
Las patas delanteras se enderezan, se endurecen y avanzan hacia adelante y hacia arriba, implorantes y fatalmente rígidas, rematadas en cortas pezuñas que hace un instante amasaban el barro del corral, el estiércol de otros cien balidos, dinosaurios del siglo de las máquinas, nacidos para morir de un marronazo.

Ahora ya es carne azul colgada en la heladera: "Uruguay for export"

Aquella res, que murió de un marronazo, cayó y tembló todo el frigorífico.
Aquella otra res que recibió el marronazo en plena frente, de dos dedos de espesor, mientras entraba al tubo desconfiando porque allí no había pasto, alcanzó a comprender que había otra res delante, balando, que ya se la llevaba el gancho
y cayó detrás, también, y el cemento tembló bajo esos huesos. 
Aquella otra res, que esquivó el marronazo y que cayó también, con un ojo reventado y una guampa partida, deshecha, también cayó y tembló la tierra, tembló el marrón, tembló el marronero; la res, murió temblando de dolor y de miedo
de un marronazo en plena frente 
"for export" 
del Uruguay.




Exhortación y propósitos
Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra, guitarra negra.

Dice Enrique, mi hermano, que hay cierto perro hundido que se lame mansamente y nos lame, lamiéndose, una herida quieta allá al fondo, sentado en su escalón.
Y dice más mi hermano el otro Enrique, en Praga: dice que amarte con certeza, hacerte enteramente hembra, darte lo que de vida tengan mis urgencias, será amar más y más a Jaime; amarlo, más de veras
por su alma, su propio perro mordedor bajo el garrote, el cable, el puñetazo, la bolsa de arpillera, el plantón y el insulto
la olvidada mejilla que no ponen ni él ni nadie a golpear
sino con hambre y Rita y José Luis, por Gerardo y Raúl y Rosa y Sara y Mauricio
y por todos nuestros muertos.
Y he sabido, guitarra, que este otro perro que criaste, ladrador, campesino, a veces manso o vigilante, que roe su propio hueso en la penumbra y gruñe
cual casi todo perro popular, vagará por tus anchas veredas, tus milongas sangrantes
hasta morir también
tal vez un día
de soledad y rabia
de ternura
o de algún violento amor; 
de amor... sin duda.

6/5/15

Un texto de Charles Warnke


Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.


Fuente original: Malpensante
Traducción: Cristina Esguerra

8/5/14

Polvo

Te dicen que polvo eres y en polvo te convertirás...
No te dicen que también semilla eres y engendras semillas, 
que agua eres y del agua brotas, 
que fuego eres y el fuego te consume, 
que eres la brisa del mar cuando te bajas del auto al llegar a la playa, que eres el olor del papel de tu libro favorito, y la risa de tu mamá, y los recuerdos de tu abuelo hablando por el teléfono de disco... 
Te han estado ocultando muchas cosas.


11/2/14

La ola "fixer"


Existe una nueva moda entre los ciclistas urbanos, se trata de cambiar su bicicleta normal por una
“fixie” (es decir, una bicicleta “de piñón fijo” y sin frenos… sí, leíste bien, sin frenos).






















Cada vez hay más bicicletas de este tipo,  y al parecer es una ola que viene muy fuerte… pero ¿sabes cuáles son las implicaciones de usar este tipo de bicicleta?

En tiempos recientes el uso de la bicicleta se ha empezado a posicionar como la mejor opción para trasladarse en las grandes ciudades donde el tráfico ya lo devora todo. Y sin duda aplaudimos la decisión de trasladarse en bicicleta, ya que no sólo es un ejercicio muy completo, sino que es bueno para el ambiente y para tu bolsillo. Sin embargo, vivimos en una ciudad donde hace falta mucha educación vial, tanto para los ciclistas como para los automovilistas e incluso los peatones. Aún hay mucho por hacer, y lo mejor, sin duda, es predicar con el ejemplo. 

Primero empecemos por definir: ¿qué es el piñón fijo? (en inglés “fixed gear”, de ahí el nombre “fixie”)

Una bicicleta normal nos permite pedalear y luego descansar del pedaleo mientras las llantas siguen en movimiento. Es decir, por ejemplo, al subir una pendiente pedaleamos hasta la cima, y al emprender el descenso podemos dejar descansar el pedaleo, mantener nuestros pies quietos y dejar que la bici baje con el puro impulso de nuestro peso. En una bicicleta de piñón fijo no ocurre esto, ya que el piñón (que es la especie de engrane que movemos con los pedales) está fijo a las bielas (es decir, a las palancas de los pedales) por lo que nos obliga a mantener un pedaleo constante, incluso si vamos de bajada.






















Los “fixeros” (que cada vez abundan más en las calles de esta ciudad-monstruo) alegan que esto te hace tener una conexión muy especial con tu bicicleta, pues tu cuerpo realmente es el que crea el movimiento (shalalalaaaa, suena el violín más pequeño del mundo). Pero ya te imaginarás lo que implica ir en una bajada y que te gane el pedaleo, y más aún si hay autos cruzando justo al terminar la bajada…

A esto se le suma que las bicicletas de piñón fijo normalmente no utilizan frenos, a menos que lleven un solo freno de seguridad que normalmente sólo se utiliza al principio, cuando estás aprendiendo a usarla, y que posteriormente se le retira por completo. La idea es reducir la bicicleta a su más pura esencia, sin elementos que distraigan su función primaria ni su elegancia: nada de desviadores, cables, frenos y, por supuesto, nada de accesorios.

Ahora te preguntarás ¿pero cómo hacen para detenerse si no tienen frenos?

Pues en realidad tratan de detenerse lo menos posible. Para frenar con suficiente anticipación basta bajar la velocidad de su pedaleo poco a poco, pero en caso de que necesiten frenar más de inmediato, utilizan algunos movimientos como el llamado skid, en el que usan todo el peso de su cuerpo para detener los pedales ejerciendo gran cantidad de presión en las rodillas. Para lograr este tipo de frenado hace falta buenas piernas, habilidad y mucha sangre fría.

"skid"
El skid no es una manera muy efectiva de frenar en sentido estricto, pues lógicamente no podrá detenerte en seco a menos que no vayas a tanta velocidad. En realidad, al hacer este movimiento, la bicicleta se sigue deslizando hacia adelante por la fuerza de aceleración que lleva tu cuerpo. Es más una acrobacia que un medio seguro para detenerse.



El uso del skid, el subir pendientes sin cambios de velocidad, y los arranques en cada semáforo implican además un gran desgaste en las rodillas y harán que se lesionen con el tiempo algunos de los músculos de las piernas. Quienes usan una bicicleta de piñón fijo de manera constante, muy probablemente terminarán con problemas de rodillas en unos pocos años.

La diferencia entre pedalear por moda/pose/fanfarronería y pedalear por  convicción/adicción/pasión está en tomar decisiones inteligentes.

Las fixies atraen por la sencillez de su mecanismo, la facilidad para armarlas a tu gusto, y por la emoción que puede significar el reto de adquirir las habilidades necesarias para manejar una bici sin frenos y de aprender los trucos necesarios para dominarla (y claro, por la modita de tener la bici que todos tienen). Sin duda usar una fixie suena tan divertido como cualquier otro deporte extremo, como surfear, esquiar o patinar. Sin embargo, usar una fixie como medio de transporte en la ciudad puede ser una decisión muy insensata, tanto para ti como para los demás. Las cosas como son: las fixies son, ante todo, una apuesta estética, pero como bici urbana son poco prácticas e inseguras.

En Estados Unidos, donde la ola fixie ya tiene unos años más que en México, el número de accidentes en bicicleta ha aumentado en los últimos años, y curiosamente la gran mayoría de ellos son en bicicletas de piñón fijo (pueden corroborar los datos en las páginas de los departamentos de policía de cada localidad, les recomiendo especialmente San Francisco). Y es que… ¡basta un poco de sentido común para saber que el cuerpo difícilmente podrá reaccionar suficientemente rápido en una situación en la que tengas que frenar de golpe para evitar ser atropellado o arrollar a alguien!. Rodar sin frenos es sin duda algo muy irresponsable, sin importar qué tan hábil sea el ciclista. Si decides no utilizar casco, por ejemplo, allá tú, es tú cabeza, tú vida, pero no estás arriesgando a otras personas.

Y bueno, no podemos negar que quizá existan algunos fixeros muy respetuosos, que no se pasan nunca los altos, respetan todas las indicaciones de tránsito y que tienen una gran habilidad para detenerse de ser necesario (además es muy cierto es que ni todos los fixeros se pasan los altos, ni todos ciclistas que se pasan los altos son fixeros) pero definitivamente las bicicletas de piñón fijo no son la mejor opción para trasladarse en la ciudad, sí aumentan el riesgo y sí le hacen daño a tus piernas a mediano y largo plazo.

Para transportarte en la ciudad hay un sinnúmero de bicicletas más aptas para ello mucho más seguras y con las que no arruinarás tus rodillas: bicicletas con velocidades, ¡¡bicicletas con frenos!! (y hay muchos tipos de frenos: caliper, v-brake, de contrapedal, de tambor, de disco, hidráulicos… ¡tú eliges!). No te dejes llevar por moditas, toma decisiones inteligentes, también puedes hacer que tu bici de velocidades luzca fabulosa, sin necesidad de que sea OTRA fixie más de las que ruedan en la ciudad.

Not a fixie, but a real bike.



















Sólo siempre recuerda que la calle es de todos, y que tanto peatones como ciclistas y automovilistas debemos compartirlas y respetarnos los unos a los otros.


Y ahora a rodar por la ciudad… ¡pero no en otra fixie, por favor!
(and let the hate comments begin)

21/4/12

Pájaros prohibidos

“Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreir, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

-¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?

La niña lo hace callar:
-Sshhhh.

Y en secreto le explica:
-Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas”


1976, Libertad: Pájaros prohibidos 
Por EDUARDO GALEANO

5/9/11

Mujeres, poetas y beatniks

Pase usted y dese un quemón: échenle ojo a mi artículo para La Jornada Semanal (click en la imagen para leerlo)


18/7/11

Participación en la danza con Doris

De la autoría de José Vicente Anaya (mi poeta-padre) participando en la danza de aquella mujer que me dió la vida
Por ejemplo, que te llamaras Dorinda
cuando te veo bailando en el relato de Carlos Rodolfo
y te descubro mujer
que habita nuestro desconocimiento, por ejemplo,
pero cómo inventarte y para qué
si estás en algún sitio poblado al ritmo de tu cuerpo.
Y estoy seguro que te arrancas el alma
con nuestro tiempo Mahler...
pero tú bailas en el rincón de la casa
que guardas para los sueños. O intentas regresar
al agua
porque el verano propicia los orígenes
y tú bailas cualquier noche cerca de un poeta
que desconoces
cuando él habla de tí para este mundo. O danzas
por la ribera de un río
que se pierde entre el escándalo
con aves tempraneras y
después te encuentro
callada en un camión urbano:
cargando la pesadez de nuestro siglo, y yo
también callado
sin esperar respuesta a mi mirada:
Nos perdimos, sin encuentro ni despedida,
entre la indiferencia de millones de habitantes,
incluyéndonos. Porque en una ciudad
la vida corre de soledad a refuigiarse
en la soledad a diario,
entre un alborto ubérrimo
frente a los gritos del orden la cordura.
Por eso tenemos que bailar,
danzar por un precipicio de concreto y
exponer el movimiento de la voz,
y ser todos poetas:
Doris del hombro acompasado al tobillo
y un rictus africano en tórax vivo. Y que,
por ejmplo, te llamaras Dorinda;
un nombre que nunca he oído:
lo inventé para tí.
Si te pregunto cuántas olas tiene el mar,
te imagino en la danza del agua
donde te vuelvo a ver y
ya no nos conocemos
por la ciudad embriagada de transeúntes.
Entonces tenemos que inventar una canción
o un poema gigante, buscamos
los indicios de una vida que se pierde
en los pasos;
las aves caen, duras, piedras
que nos descalabran.
Pero hay que salir en la flauta de Fido de Vivaldi,
o con Bach por Branderburgo; salir reinventados
por la transformación de una sinfónica, prendidos,
epilépticos de percusiones
que se desgarran de la alegría animal
que perdimos...
Y algún día fuimos al encuentro del Jazz
por un callejón que nos crispaba de conido largo:
caían los saxofones
sobre el piano y
destrozamos los nervios
contra el placer que prohibían;
la trompeta escapaba
de las manos del músico
muriéndose de dorga la generación Beatnik
baleada por la batería...

Y tuvimos Rock para olvidar
el fastidio de una ciudad
que nos encima a fuerza.
Los mayores nunca entendieron
el ruido de la época y todos los muchachos
sacaron sus largas cabelleras. Esos malcriados.
Los Rolling Stones
no se vestían de etiqueta.
Pero quisimos aprender el encantamiento
de los primitivos
a tres notas musicales solamente...

El primer ser que cantó
era poeta sin palabras
que reivindicó el misterio. desde entonces
se empieza un poema
sin saber lo que viene por delante
y el mundo se voltea. Yo te digo
que en mi poema danzan todos,
pero está hecho
para que tú vuelvas al canto y
por aquí te desplazas, aunque andes buscando
los ritmos que no existen.
Aquí estás bailando,
tal vez con la quietud de un día
que no tiene comienzo,
desonociendo que en este poema
tu baile de una noche
resultó acontecimiento interminable.

Y tú no eres para ficción alguna
porque las musas
se han quedado en el Olimpo

Te estoy cantando, muchacha,
porque danzas

Danzas entre una multitud que se cansó de inercia.
Y despiertas al ojo que se esconde.
Danzas y danzas
retrotrayendo al trópico en tu ritmo.
Te queda bien la hermosura de una pantera negra
que resalta en la selva.
Danza, muchacha,
porque nuestro tiempo
no tiene ritmo, ni madre.
El tiempo nos asalta
híbrido para empujarnos hacia un túnel
de espacio tumefacto.
Danza, muchacha, porque
no queremos morir repletos de vacío.
Danza, y
volverás a inventar la múscia del cuerpo.
Danza, porque pronto estaremos de vuelta
sin Bach, sin Rock, sin Jazz... sin Mahler...
Y tendremos que regresar al agua
buscando caracolas,
frente a un mar donde el Sol
será nuestro único tambor...

Tú danzas, y yo,
alguna vez sin ti me moriré contigo...

12/10/10

Love loop


Una y otra vez la historia se repite: pertenencia en unos brazos, hartazgo de una de las dos partes, abandono y rechazo versus necesidad y amor, drama, llanto, promesas rotas y eternidades llegando a su fin, soledad y locura, una y otra vez la historia de repite: páginas llenas de la seguridad de felicidad infinita, ruptura de uno o más órganos vitales, vuelco de lágrimas y caricias ausentes, mezcladas, páginas llenas de llanto, soledad y locura, una y otra vez la historia se repite: caricias mágicas reconstructoras del suspiro, gotas derramadoras de recipientes que se prometieron inconmesurables, lucha por el bienestar mental del más débil, gritos de dolor inexistente, existente e intangible, lenta reconstrucción milenaria, soledad y locura, una y otra vez la historia se repite: descubrimiento del único y verdadero amor eterno, enlistamiento de los impedimentos para criarlo, brazos extendidos que ruegan a un muro sólido, rostros desencajados, soledad y locura, una y otra vez la historia se repite: catarsis existencial, autoencuentros imposibles y al fin posibilitados, ruptura de cartas y objetos, derretimiento de todas las capas protectoras, caos total, soledad y locura, una y otra vez la historia se repite: dulce despertar, lágrimas de felicidad, amor eterno, finiquitud de la eternidad, derrumbamiento de la casa, soledad y locura, una y otra vez la historia se repite: completa seguridad de que esta es la primera vez que suceden los eventos, entrega total de los sueños, entrega posterior (y mal recibida) de las pesadillas, miedo al fracaso, fracaso inminente, caída libre desde el vigésimo piso, ruptura de cráneo y pérdida total de la sangre, soledad y locura, una y otra vez la historia se repite y nos atrapa en su cielo interminable, y nos encierra, y nos ata, y nos deja construirnos poco a poco para después llegar y pisarlo todo, derrumbárnoslo todo, ahogárnoslo todo, una y otra, y otra vez...

30/8/10

Las olas del mar

No cabe duda... el Son Jarocho está bordado de pura poesía


Esta versión es con Los Parientes de Playa Vicente... y aquí les va la letra:

Si la mar fuera de tinta y las olas de papel
si los peces escribieran cada uno con pincel,
en cien años no escribieran lo que te llego a querer.
Soy presa de este aposento sólo por quererte amar
y oigo las olas del mar que no cesan ni un momento

Aunque tú en mi no te fijes, no me matará el coraje,
tu olvido ya no me aflije, yo proseguiré mi viaje,
y al igual que el arrecife no me rendiré a tu oleaje.
Soy presa de este tormento sólo por quererte amar
y oigo las olas del mar que no cesan ni un momento



¿Qué culpa tiene la flor de haber nacido en el campo?
La culpa la tengo yo por haberte amado tanto,
pero las olas del mar consolando están mi llanto.
Soy presa de este aposento sólo por quererte amar
y oigo las olas del mar que no cesan ni un momento

De ti me voy a ausentar, por mi no vivas llorando,
y si a otra llegas a amar vive siempre recordando
que con las olas del mar mi amor te estará cantando.
Soy presa de este tormento sólo por quererte amar
y oigo las olas del mar que no cesan ni un momento


14/4/10

¡Vamos al museo!

video
Guión, Concepto y Actuaciones: María José Ballesteros, Dafne Díaz de la Vega Núñez, Sofía Llorente Zoebisch y Andrea Anaya Cetina.
Dirección y Edición: Juan M G Rentería

29/8/08

Extraviados


Danzan los extraviados, avanzan con los hombros extendidos, con la frente casi al ras el piso, con lágrimas mojando sus cabellos que se pegan a las mejillas en el afán de sostenerse entre la humedad y los poros...
Danzan los dolidos, los desahuciados, los tristes, los abandonados, danzan en círculos caóticos, en pares y en tríos. Se alejan por las calles mal iluminadas, atan sus dedos entre sus cabellos, miran al cielo y lo ven hueco.
Gimen los extraviados en su danza tétrica, se miran entre sí, se sienten solos. Se levantan por las mañanas con su danza, hablan con ella en voz alta, la gritan a los cuatro vientos, la murmuran como un rezo, la repiten como un mantra, la olvidan.
Danzan en la desesperación por recordarla, y en su imposibilidad la inventan. Ríen dulces creadores, y vuelven a humedecerse, se remojan en tristeza y reaparecen.
Danzan los extraviados, esperan así encontrar su camino, y esperan nunca encontrarlo.

30/7/08

Oportunidad imperfecta

Nació de pronto, sin gesta alguna, la oportunidad imperfecta.
La oportunidad de saltar al vacío
la oportunidad del impacto inminente
de la penitencia inmediata.
Surgió una oportunidad imperfecta de perder perspectiva
de dejarme crecer plumas
de adecuar mis formas a tu cuerpo.
Llegó ésta oportunidad de noche
de dulce y de salado
Nació tibia, limpia y arrugada
pequeña, transparente e imperfecta
Nació desahuciada
Murio de pronto, anunciada, la oportunidad perfecta

16/6/08

Mujer Negra (Fragmento del poema de Nancy Morejón)


Todavía huelo la espuma del mar que me hicieron atravesar
La noche, no puedo recordarla
Ni el mismo océano podría recordarla
pero no olvido el primer alcatraz que divisé
Altas, la nubes, como inocentes testigos presenciales
Acaso no he olvidado ni mi costa perdida, ni mi lengua ancestral
Me dejaron aquí y aquí he vivido.
Y porque trabajé como una bestia,
aquí volví a nacer.
A cuánta epopeya mandinga intenté recurrir.
Me revelé
Esta es la tierra donde padecí boca abajos y azotes
Bogué a lo largo de todos sus ríos.
Bajo el sol sembré, recolecté
y las cosechas no comí.
Por casa tuve un barracón
yo misma traje piedras para edificarlo.
Pero canté al natural compás de los pájaros nacionales
Me sublevé.
En esta misma tierra toqué la sangre húmeda y los huesos podridos de muchos otros,
traídos a ella, o no, igual que yo.
Ya nunca más imaginé el camino a Guinea (...)

25/5/08

Voto de silencio



Decidí callarme, callarme la voluntad y callarme el rostro. Decidí dejar de pronunciar el peligro, la sangre fresca, las grietas que me abrieron el alma con el filo de la prontitud entre sus cuerpos . Preferí beber el agua como si no estuviera turbia, preferí andar descalza como si el suelo no estuviera en llamas. Até listones rojos, encendí velas, me hundí en el suelo y guardé silencio, no hablé de traición, cerré los ojos, sostuve mi rostro sin dejar que se descompusiera mi sonrisa. Encendí la hoguera con un beso en su hombro. Hincada, callé el dolor en mis rodillas que era ahora un presentimiento, y el presentimiento un hueso roto, una herida, un lienzo en blanco, recién manchado de sacrificio.
Tomé las cuentas entre mis manos. Sin pronunciarlo: te pido que me protejas, que me encuentres lo que busco, que no me lo quites...
creo que me escuchó y quedé ciega
mi ofrenda fue el silencio: música, al fin y al cabo.

22/5/08

Inquisición


¿Crees en el destino y en los maleficios?

23/4/08

LLévelo llévelo

Un verdadero honor estar entre autores geniales como: Leonora Carrington, Eduardo Casar (reverencia), Eduardo Langagne, Hernán Lavín Cerda, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer... entre muchos otros
Los mejores poemas mexicanos, (Selección: Elsa Cross), Ed. Joaquín Mortiz, México, 2006

6/4/08

Metamorfosis


XX abrió las llaves de la regadera y esperó desnuda junto a la cortina reconociendo las pequeñísimas gotas de agua tibia que salpicaban sus muslos pálidos. Acercó sus dedos al agua aunque no necesitó tocarla para saber que ya estaba lista, el vapor se lo había confesado. Se escurrió dentro de la regadera como un ladrón nocturno y dejo que el agua remojara su piel un poco antes de comenzar el ritual del baño. Metió la cabeza bajo el tibio chorro de agua, imaginando una cascada, un lugar. Se detuvo ahí, sólo bajó un poco la cabeza para permitir un espacio para respirar entre el agua y su cabello. El vapor ya había llenado todo el cuarto, apenas podían verse las paredes. XX empezó a volverse consciente de las gotas gruesas que caían sobre su rostro, del impacto de cada una sobre su piel frágil ante el calor, ante la humedad. Las gotas tibias, las calientes, se lanzaban contra ella con un dejo de alevosía, con agresividad, con odio (o tal vez heroísmo). Cada una se estrellaba y se deshacía en pedazos contra su superficie de mortal húmedo. XX, asustada, alzó la vista pero ya no podía ver las paredes, la cortina, las llaves del agua, no podía ver sus pies; ya sólo la rodeaba el vapor, no podía ver el piso ¿dónde estaba el piso?
XX se percató de que estaba cayendo; caía y no veía el fondo por el vapor espeso (¿o acaso sería porque estaba demasiado lejos?) La humedad parecía ayudarle a frenar un poco la mortal caída, pero no era suficiente, ella era demasiado pesada para flotar con el vapor que luchaba por sostenerla en el aire. XX se enjutó abrazándose, sintió su propia piel: superficie frágil ante el calor, ante la humedad,
Se estrelló en el piso del baño sobre los otros cuerpos despedazados.

22/3/08

Diálogo "musical" ja

niño- AA, C D A E FF?
mamá- A CEC
niño- A RAEC?
mamá- C!, A CEC
niño- A CEC?
mamá- B EG

14/3/08

Cuenticos de Cortázar




Instrucciones para cantar.
Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor de pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo.
Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.

Tristeza del cronopio.
A la salida del Luna Park un cronopio advierte
que su reloj atrasa, que su reloj atrasa, que su reloj.
Tristeza del cronopio frente a una multitud de famas
que remonta Corrientes a las once y veinte
y él, objeto verde y húmedo, marcha a las once y cuarto.
Meditación del cronopio: "Es tarde, pero menos tarde para mí que para los famas,
para los famas es cinco minutos más tarde,
llegarán a sus casas más tarde,
se acostarán más tarde.
Yo tengo un reloj con menos vida, con menos casa y con menos acostarme,
yo soy un cronopio desdichado y húmedo".
Mientras toma café en el Richmond de Florida,
moja el cronopio una tostada con sus lágrimasnaturales.

Lucas y sus métodos de trabajo.
Como a veces no puede dormir, en vez de contar corderitos contesta mentalmente la correspondencia atrasada, porque su mala conciencia tiene tanto insomnio como él. Las cartas de cortesía, las apasionadas, las intelectuales, una a una las va contestando a ojos cerrados y con grandes hallazgos de estilo y vistosos desarrollos que lo complacen por su espontaneidad y eficacia, lo que naturalmente multiplica el insomnio. Cuando se duerme, toda la correspondencia ha sido puesta al día.
Por la mañana, claro, está deshecho, y para peor tiene que sentarse a escribir todas las cartas pensadas por la noche, las cuales cartas le salen mucho peor, frías o torpes o idiotas, lo que hace que esa noche tampoco podrá dormir debido al exceso de fatiga, aparte de que entretanto le han llegado nuevas cartas de cortesía, apasionadas o intelectuales y que Lucas en vez de contar corderitos se pone a contestarlas con tal perfección y elegancia que Madame de Sévigné lo hubiera aborrecido minuciosamente.

12/3/08

Fallen



Te libero de mí, noble caballero. Suelta de una vez mis cabellos y abre de una vez tus ojos. Que la fugaz mañana no te deslumbre, que aprendas a usar tus alas antes de golpear el suelo. Que encuentres nuevas manos que te alojen, que no caiga ni una lágrima más en tus recuerdos.
Suelta mis pestañas, deja ir mis lágrimas, ignóralas, entiérralas, perdónalas, encuentra unas nuevas.
Te libero de mí ahora mismo, no busques el fresco de mi sombra, no busques el eco de mi voz, no busques el molde de mi cuerpo. Déjate liberar noble pájaro rítmico, deja que la vida gire fuerte, que el sol salga tibio, que la lluvia caiga helada, que tu música baile, se ría.
Por favor, sé libre ave compañero, que mereces volar, mereces vida. Sé fuerte y verás que la caída se convierte en vuelo más fácilmente si sueltas de una vez mi pelo.